Y así sucesivamente; por ejemplo, creo que el amor huele a chontaduro crudo en un puente, sabe a teclas de piano viejo, a Para Elisa exactamente, se escucha como cuando cae una gota de Amarillo sobre una almohada, se ve como una locomotora del siglo XIX estrellada en un letrero publicitario de Pepsi y se siente como cuando tocas una cuerda vocal en el fondo de un barril de acero con una baño de níquel.
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