Se llama Soledad y está acostada en una hamaca fumando lentamente su cigarro, un Derby porque los demás le saben a culo. Tocan la puerta y al salir ella no ve nada, tal vez sea porque no tiene sus gafas puestas, sólo alcanza a ver un corazón herido de muerte, pero no le presta atención, le tira el cigarrillo y le dice eso fue todo tan tan. Cierra la puerta y al entrar de nuevo a su madriguera, es asesinada por el puntiagudo amor excipiente que hay en su loca mente, porque el amor es una loca condición mental. Por eso, esta historia continuará…
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