Érase una vez el amor pero tuve que matarlo, lo sumergí en arenas movedizas. La razón: ponía huevos de oro golfi y los vendía en Impala para comprar tortas de jamón y aguas frescas de Jamaica con sabor a tamarindo. Murió junto al libretista de esta historia y el productor ejecutivo fue sospechoso de ser cómplice del crimen.
No hay comentarios:
Publicar un comentario