Me
gusta la química en bancas frías de muelle y el pintadito media luz en
cafetería de barrio-sin azúcar para mí. Me gustan las películas con Doña Mamá
regañando por la hora y la lluvia de asteroides en parques de cemento- no me gustan
los parques de cemento.
Me
gusta el vino en antejardines arenosos y los casi besos en un andén desnudo. Me
gusta hablar de extraterrestres, Extremoduro y teatreros en algún lugar lejano
y enredarme en un beso metálico con bolitas de piercing perdidas en las
mariposas.
Me
gustan las manillas costeñas y las trenzas de negro, la gripa que no se pega
antes del estreno, pero acompañada de caricias a 310K. Me gustan los actores
que me hacen reír y los abrazos al final de la función.
Me
gustan las invitaciones a sonreír, el estrato cero y el olor a calle popular. Me
gusta un tronco solo en la mitad del rio-solo y la pantomima en febrero.
Me
gusta el río cuando no se lleva a nadie y el olor del jazmín de noche. Me gustan
los erlenmeyeres y las narices rojas, los libros que hablan de magia y las
flores de alambre. Me gusta la habitación número 13 y la número 7.
Me
gusta caminar en jeans, pero no los derrumbes en el camino, me gusta ver mi
ciudad desde un mirador y los besos en buseta modelo ’91. Me gustan los
carelocos vende manillas- pida el deseo parcero, usted está enamorado… ¿Qué si
somos pareja? No, pero esto es mágico y me gusta.